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Ruben Cedeño

 

Juan
Rodríguez


Obtuvo un Bachillerato en Trabajo Social de la Universidad de Puerto Rico y una Maestría en Trabajo Social de la Escuela Graduada Beatriz Lasalle en Río Piedras, P.R. Hizo estudios post graduados en Trabajo Social Clínico en la Universidad de Nueva York. Además, finalizó una concentración menor en Historia del Arte de la Universidad del Estado de New York. Se desempeñó como trabajador social en el Departamento de Siquiatría Forense en Río Piedras, P.R., y actualmente trabaja como trabajador social escolar para el Departamento de Educación de la Ciudad de Nueva York.
En 1992 comenzó sus estudios metafísicos, siguiendo la línea discipular de Conny Méndez-Rubén Cedeño. Ha dictado conferencias en Norte, Centro y Sudamérica, teniendo en su haber cuatro publicaciones: Todo tiene su tiempo, Lleno de amor, Un libro de verdad y Primero Dios, las cuales recogen sus más profundas reflexiones sobre "todo lo que está más allá de lo físico". Sus escritos han sido publicados en diversas revistas, páginas web y periódicos, incluyendo El Diario-La prensa, el diario hispano de mayor circulación en New York. Actualmente trabaja en su quinto libro, Hacia el interior.
Ha viajado extensamente a lugares tan lejanos como Israel, Egipto, Jordania, India, Nepal, Shri Lanka, China, Tíbet, toda Latinoamérica y Europa para, entre otras cosas, compartir los conocimientos que ha adquirido con los que le escuchan. Semanalmente imparte clases de Metafísica en los Estados de New York y New Jersey en los Estados Unidos. Todo el trabajo que realiza-y ha realizado- para la expansión de la enseñanza Metafísica lo hace gratuita y voluntariamente.

Se convirtió en escritor por accidente, al encontrar en la escritura una nueva forma de compartir con la humanidad sus vivencias, conocimientos y su creciente amor por los seres humanos.

Una nota sobre New York

Juan Rodríguez

Ruben en la Fuente de Moises No hay lugar donde vaya, fuera de los Estados Unidos, que no me pregunten cómo es New York. Todos quieren saber cómo es la vida en la “Capital del Mundo” o en “La Gran Manzana”. Siempre trato de contestar algo, sabiendo que mis palabras no serían suficientes para describir detalladamente las experiencias que he vivido en la ciudad que adopté a los 25 años y de la cual me enamoré perdidamente. Muchas han sido las veces que he mentalizado un largo escrito que contestarDa todas las preguntas qu e me han hecho pero nunca me he sentado a escribirlo. Creo que sería muy largo… Además, ¿cómo sintetizar lo que es New York para mí?

Anoche experimenté algo sencillo que me dio la clave de esta síntesis que buscaba y me hizo pensar: ¡esta es la razón por la cual adoro New York! Cuando entré a la estación subterránea del tren, escuché los acordes de un piano. Inmediatamente busqué dónde había un radio y, para mi sorpresa, mis ojos se toparon con un joven tocando un gran piano. ¡Sí, un piano de tamaño normal! Por varios minutos, aunque lo estaba viendo, la mente no podía aceptarlo. La primera pregunta obvia que me hice fue: ¿por dónde lo entraría? ¿Cómo? Esta es una estación que no tiene ascensor. Sólo tiene grandes escaleras. Quise preguntarle cómo lo había logrado pero sentí que si lo hacía, el momento que vivía perdería la magia. Según se llenaba la estación de gente y se arremolinaban a su alrededor, podía ver en sus rostros que todos se hacían la misma pregunta. Una chica asiática rompió el silencio y se atrevió a preguntarle. El joven siguió tocando magistralmente con una mano mientras con la otra le indicó que había usado sus mús culos. Todos se rieron. Entonces comprendí que él tampoco quería que se perdiera la magia de lo que hacía tan felizmente.

Esto es New York: una ciudad mágica. Una ciudad que te embruja con sus encantos, te sorprende, te acoge en su regazo y al mismo tiempo te permite crecer. Una ciudad donde se mezclan todas las razas del mundo y se aprende a hablar un mismo idioma. Ha sido esta magia la que me ha mantenido atrapado por veintidós años, y de la cual no deseo escapar