El Santo Grial

Juan Rodríguez


El mes de diciembre del 2000 un grupo de metafísicos, encabezados por Rubén Cedeño, llegamos a las frías playas de Tintagel, en la costa atlántica de Inglaterra. Allí la Madre María desembarcó con el Santo Grial, el cual tenía como destino final la mística ciudad de Glastonbury. En este país de Primer Rayo fue que para mí comenzó el recorrido de la ruta del grial que la Madre María menciona en su libro "Memorias de la Madre María".

Rubén Cedeño llevaba años hablándonos sobre las investigaciones que había hecho sobre este tema tan interesante. Nos mencionó que por cuestiones lógicas la Madre María tenía que haber pasado por Zaragoza y San Juan de la Peña antes de haber llegado a Lourdes en Francia. Por eso, al manifestarle mi deseo de volver a España, estas dos ciudades quedaron inmediatamente incluidas en el itinerario de viaje. Causalmente, seis años más tarde, otro grupo de metafísicos nos encontramos en Madrid para iniciar este ansiado recorrido.

Una mañana muy fría partimos en dos autocars alquilados hacia la provincia de Zaragoza. Rubén, que siempre nos tiene reservadas algunas sorpresas, nos preguntó si queríamos visitar a Calatayud para ver el lugar donde se desarrolló la historia de la Dolores. ¿A quién le amarga un dulce? Hacía par de meses él me había regalado el DVD de la ópera española "La Dolores" garantizándome que me iba a fascinar. Por supuesto, me echó todo el cuento de este archifamoso personaje en toda España. La ópera es derroche de talento. Al terminar de verla, estuve todo el día tratando de bailar la jota, un baile popular propio de Aragón, que es ejecutado magistralmente en esta producción. Durante el trayecto a Calatayud, Rubén entonaba la conocida copla: "Si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores, que es una chica muy guapa, amiga de hacer favores". ¡Se podrán imaginar la historia!

Calatayud fue fundada por los romanos en el siglo II y repoblada por los moros seis siglos más tarde. Es una ciudad pintoresca, con calles bien estrechas y gente muy hospitalaria. Al llegar al Mesón de La Dolores, me encantó su fachada, y en mi mente repetía la pegajosa copla que Rubén nos había cantado. Entramos al lugar y lo recorrimos con alegría, quedando maravillados con una pintura de la hermosa Dolores. La historia de esta mujer representa el amor contra el cual nada ni nadie puede conjurar. Por eso al abandonar Calatayud, ya este personaje nos había robado al corazón.

Nunca había estado en Zaragoza, antigua sede del reino de Aragón, que se encuentra justamente en la mitad entre Madrid y Barcelona. Mi única referencia era una foto que había visto de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, reflejándose majestuosamente en la ribera del río Ebro, que me había dejado mudo. Frente a esta basílica, a la cual miles de peregrinos de todas partes del mundo llegan a rendirle culto a la estatua de la Virgen de Pilar, quedé absorto con su belleza. Observando detenidamente sus torres y cúpulas sentí una energía que me erizó los pelos y que sólo siento cuando estoy en lugares sagrados. Esta energía se siente en toda la plaza que está frente a la basílica. ¡Cuánta belleza!

La Madre María, en su trayecto hacia Lourdes, pasó por este lugar y descansó en un pilar que hoy se conserva dentro de la basílica y es él que la gente viene a besar. Encima del mismo se encuentra la estatua de la Virgen del Pilar, que aunque pequeña (sólo mide aproximadamente 39 centímetros) irradia un gran esplendor. Me arrodillé frente a Ella para agradecerle el que me hubiera permitido llegar hasta allí. Luego le di la vuelta a la Santa Capilla para poder besar el pilar por una abertura pequeñita que se ha hecho para este propósito. Sólo los niños pueden besar el pilar de frente y por eso llegan muchos de todas las edades a recibir con su pureza la bendición de esta virgen. Como me encanta observar a los peregrinos que llegan a estos lugares santos, me senté frente a la hermosa capilla a admirar la devoción y fe de los que aman y veneran a esta manifestación de la Madre Divina.

Al siguiente día nos fuimos a la Sierra de San Juan de la Peña, en la cual se encuentra enclavado el que fuera el monasterio más importante de Aragón en la alta Edad Media. Me impactó la forma en que su estructura física está metida en la montaña. ¡Increíble! También, me encantaron las ruinas del claustro, viendo otra vez como eran cómplices del entorno geográfico. Llegamos aquí para ver el Santo Grial, el cual se mantiene guardado en una urna de cristal, en un místico salón lleno de silencio. El grial es hermoso y amerita un viaje para verlo. Por estas tierras también transitó la Madre María.

Desde el día que pisamos Glastonbury supimos que ya no es necesario buscar el Santo Grial físicamente, ya que el grial somos nosotros mismos. Si bien es cierto que el grial que utilizó el Maestro Jesús fue llevado por Su madre a Inglaterra y en la época del rey Arturo sus caballeros se abocaron a buscarlo físicamente, ya no es necesaria esta búsqueda en la Nueva Era. Sin embargo, nos hemos aventurado a pisar todos los lugares que la Madre María recorrió para cumplir lo que le prometió a su amado hijo. Eso sí, al llegar a éstos nos convertimos en griales en los cuales se pueda verter la Energía Divina.

¡Que la Madre María siga bendiciendo a todos los peregrinos que se aventuran a llegar a los lugares donde Ella se ha manifestado y ha dejado impregnado su infinito amor!