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Las montañas azules
Juan Rodríguez
La primera vez que escuché que el retiro etérico del arcángel Chamuel estaba en las montañas Blue Ridge, fue de la boca de Rubén Cedeño. Un mes de diciembre que estuvo en New York, él se fue con tres estudiantes a investigar lo que había descubierto sobre este lugar. Yo no pude ir porque me había ido a pasar las fiestas navidenas con mi familia en Puerto Rico. Pero siempre me quedó el deseo de poderlas visitar algún día.
Cuando pregunté en la clase de los jueves que imparto en Manhattan quiénes me querían acompañar al retiro del arcángel Chamuel, catorce personas alzaron sus manos y decidieron hacer el viaje a esta cadena de montanas de color azul. Le advertí que no había nada que ver, sólo montañas, valles y mucha vegetación. Aún así, decidieron acompañarme.
Salimos un sábado por la mañana hacia el pueblo de Front Royal en el estado de Virginia, donde se encuentra la entrada norte al Parque Nacional de Shenandoah. En este punto comienza la cadena de montañas Blue Ridge. Entrar a este pequeño pueblo hizo que nuestras emociones se alborotaran, ya que es hermosísimo y perfecto. Atravesarlo fue como comernos un rico aperitivo que antecede una sabrosa comida.
Escuchando "Shenandoah", la llave tonal de la Guardiana Silenciosa de este lugar, la Señora Gloriosus, interpretada magistralmente por la soprano afroamericana Leontice Pryce, nos conectamos inmediatamente con Su radiación. Al detenernos en el primer mirador, de los setenta y cinco que existen a través de las 105.4 millas por las cuales se extiende el parque, nos quedamos mudos. La belleza del lugar nos impactó y se nos esfumaron las palabras para describir lo que teníamos frente a nuestros ojos.
Saludamos a la Guardiana Silenciosa y proseguimos con la explicación del lugar. Cuenta una leyenda que las Estrellas de la Mañana se reunían en un hermoso lago cada mil años. Pero un día una gran roca se desprendió de una montaña y causó un hueco en el fondo del lago, por donde el agua se fugó hacia el mar. Las Estrellas de la Mañana pasaron años buscando un nuevo lugar donde reunirse. Hasta que un día vieron unas montañas azules rodeadas por un río serpentino de una belleza nunca antes vista. Entonces decidieron volverse a reunir en ese lugar. Cuando se reunieron, se percataron que era el mismo lugar donde había estado el lago. Así le pusieron de nombre "Shenadoah", que significa "Hija de las Estrellas".
Al terminar de dar esta hermosa explicación una muchacha caminó hacia mí y con una sonrisa en su rostro me preguntó: "¿Metafísica?". Asentí y proseguí a explicarle por qué estábamos allí. Su rostro resplandecía, mientras me contaba que había comenzado a estudiar Metafísica en Caracas. Los estudiantes se sorprendieron muchísimo con lo que había pasado pero le comenté que estas cosas a menudo suceden durante los viajes. El buen karma de esta caraqueña la había llevado a descubrir lo que se encontraba en la parte invisible de estas montanas. La enseñanza se le ofreció causalmente en la entrada del parque para que pudiera atravesarlo con una nueva conciencia.
Todas las vistas de este parque son espectaculares. Cada una más hermosa que la otra. Nos detuvimos en algunos miradores para impregnarnos de la espiritualidad que se percibe en cada metro de esta tierra sagrada. Terminado este recorrido nos fuimos a nuestro hotel en la ciudad de Harrisonburg.
El domingo tempranito en la mañana nos dirigimos a la ciudad de Waynesboro, todavía en el estado de Virginia, para comenzar el recorrido del Blue Ridge Parkway, una carretera panorámica que atraviesa las Montanas Azules y se extiende hasta el estado de Carolina del Norte. Al ver el letrero que nos daba la bienvenida al lugar, nos detuvimos a tomarnos una foto que dejara grabado el entusiasmo y la alegría que nos brotaba por los poros. Era la primera vez que algunos visitaban un retiro etérico. ¡Imagínense! Por fin, después de tantas horas de carretera, nos encontrábamos en el retiro del arcángel Chamuel, donde se encuentra el Templo de la Adoración.
Escogimos un pequeño mirador para hablar del arcángel Chamuel. Escuchando su llave tonal, que se encuentra en el "Regina Coeli" de la ópera "Cavallería Rusticana", comenzamos agradeciéndole a los Maestros el habernos permitido llegar hasta este templo. El arcángel Chamuel nos exhorta a que nos dejemos bañar en la Llama de la Adoración que se encuentra en nuestro corazón. Nos habla sobre la importancia de vivir una vida llena de amor, ya que todo lo que se hace con amor se multiplica. No existe persona lo suficientemente difícil que no sucumba ante el reconocimiento de la Presencia de Dios en su corazón. El mantram de Chamuel es: "Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con todo tu corazón y con todo tu espíritu". Escuchando la canción "Alabado sea Dios, de Quien fluyen todas las bendiciones", la cual según Chamuel hace que contactemos el sentimiento de gratitud hacia la vida, terminamos la clase sobre este arcángel que trabaja para el Rayo Rosa del Amor Divino. Estábamos rebosantes de felicidad e inundados de un gran amor. Todos nos fundimos en un gran abrazo fraternal para sellar en nosotros todas las bendiciones que se habían derramado.
No sé por cuantas horas estuvimos atravesando estas montanas azules, mientras en nuestro auto sólo se escuchaban las llaves tonales de los amados Chamuel y Su Complemento, la Señora Caridad. El cielo estaba completamente despejado, el sol brillaba con todo su esplendor y una brisa fresca nos acariciaba cada vez que nos deteníamos en un mirador a contemplar tanta belleza. Nunca hubo un momento donde saliéramos del asombro de lo que Dios ha creado en este sagrado lugar.
De regreso a Nueva York, tomamos la Carretera 81 que corre paralelamente a las montañas. Por eso a nuestro lado derecho seguíamos viendo con asombro las Montañas Azules. Había sido un viaje perfecto y armonioso. Traíamos dentro de nosotros todo el amor de la Llama Rosa. En respuesta a estos regalos, y como nos exhorta a hacer el amado Chamuel, veníamos agradeciéndole a la vida el habernos llevado a este amoroso y mágico retiro.
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