|
Cortando el cordón umbilical
Juan Rodríguez
Compartiendo con mi familia en estos días que estoy de vacaciones cerca de ella, observé que sus dinámicas no son diferentes a las de las familias con las cuales trabajo en la escuela que me desempeño como trabajador social. Mi familia fue un clan en el cual todos sus miembros vivieron juntos. Nos criamos en un barrio donde el familiar más lejano vivía a cinco calles. Pero este mismo sentimiento de familia trajo también un problema de dependencia, que como es uno de la cultura hispana, pasó desapercibido.
Debo de enfatizar, para que ningún miembro de mi clan se sienta ofendido, que este es un problema tremendamente cultural. Ahora que llevo más veinte años viviendo en Nueva York, me he dado cuenta de que los padres estadounidenses preparan a sus hijos para su partida después que cumplan su mayoría de edad. Las familias estadounidenses se separan, se dispersan por varios estados, y se reúnen sólo en días de fiesta importantes. Esta actitud no tiene que ver nada con el amor que se profesan, lo que sucede es que se preparan para separarse físicamente. Tuve la oportunidad de ayudar a una amiga puertorriqueña a internar a su madre, quien padecía de Alzheimer, en una residencia para ancianos, y a la pobre, mucha gente le recriminó esta acción. Sin embargo, el estadounidense apoya contundentemente este concepto, sin que se le revuelvan las emociones. Dentro de nuestra cultura, la separación de los miembros del clan se ve negativamente, no importa que las razones sean justificables.
El asunto de la dependencia es uno que comienza desde la fecundación, cuando también comienza a formarse la placenta. El desarrollo de la placenta se termina en los primeros tres meses de gestación, y es ésta la que se encarga de transmitir los nutrientes y la sangre oxigenada del cuerpo de la madre al feto. Su otro rol importante es transferir todos los desperdicios del feto hacia el cuerpo de la madre para su eliminación. Todo esto se logra a través del cordón umbilical, que inteligentemente conecta la placenta con el feto. Por esta razón, cuando una persona vive apegada a sus padres, se le recomienda que "corte el cordón umbilical". Esto explica porqué se quiere tanto a las madres, quienes alimentan, sostienen y protegen a sus hijos desde que son concebidos.
Después del nacimiento del niño, obviamente se corta el cordón umbilical, el cual las parteras cortaban con sus propios dientes en tiempos pasados. Entonces comienzan otros lazos que atan a los padres con sus hijos que, al no ser físicos, se hacen más difíciles de identificar y romper. ¡Cuántas ataduras! Estos son los lazos mentales (ideas), emocionales (emociones) y sicológicos (traumas), que son inyectados en la mente del niño y los pueden perseguir hasta su etapa adulta. Hay que aprender a soltar estos lazos que tienen la capacidad de controlar a un ser humano a distancia. Funcionan como una computadora que puede ser comandada por control remoto. He estado con amigos adultos que con miedo toman el teléfono para pedir permiso a sus padres antes de tomar una decisión. Créanme, no es una consulta, ¡es miedo!
Hoy cumplo 46 años, de los cuales 28 he vivido independientemente, alejado físicamente de mi familia, incluyendo a mis padres. En otras palabras, hace mucho tiempo que corté mi cordón umbilical. Cuando me mudé a la ciudad universitaria de Río Piedras en Puerto Rico, me di cuenta que tenía un cuaderno totalmente en blanco en mis manos, en el cual, sin saberlo en aquel momento, comenzaría a escribir la verdadera historia de mi vida. Al principio, y probablemente durante años, escribí bastante torcido. Pero al echarle un vistazo a este mismo cuaderno ahora, veo que ya más de la mitad está escrito y las letras son más legibles. Lo más que me gusta de este cuaderno no es su contenido sino que no contiene espacios en blancos, lo que significa que nunca he dejado de crecer.
Es sumamente importante cortar el cordón umbilical para poder conocerse y madurar. Cada uno de nosotros estamos viviendo para aprender una serie de lecciones, y si verdaderamente queremos aprenderlas, debemos hacerlo con nuestra propia energía. A mi nadie nunca me dijo lo que tenía que escribir en mi cuaderno. Sí escuché muchos consejos y hubo muchas personas que se ofrecieron voluntariamente para prestar ayuda en caso de que fuera necesario. El tiempo me hizo saber que el contenido de este cuaderno de vida debe ser de uno solamente, y de nadie más.
Los padres deben comprender que su tarea cambia en un momento dado, aunque no se le puede poner una fecha exacta. Aquel rol que comenzó como guardián primario debe pasar a uno de consultor con el paso del tiempo. El objetivo único debe ser encaminar a sus hijos a que encuentren su propio camino y disfruten de una vida plena. Nunca se debe tener un hijo para ahogar sentimientos de soledad. Tampoco deben cortarle sus alas por miedo a quedarse solos. ¡No sería justo! El mayor orgullo de un padre deber ser ver a su hijo volar con alas propias y surcar los cielos que él mismo ha elegido. ¡Qué proceso hermoso! Sería bueno que se abriera el diálogo para que esto siempre fuera lo que sucediera.
No puedo negar que amo a mi clan y a mis padres, ya que ellos me proporcionan unas experiencias de vida que no las voy a encontrar en ninguna otra parte. Nunca me he arrepentido de haberlos escogido para que formaran parte de mi proceso de vida. También los quiero porque supieron respetar mis deseos de libertad. No fue fácil la separación física pero al final se cumplieron todos los propósitos. Es sorprendente ver cómo muchas veces cortar el cordón umbilical hace que nos acerquemos más a las personas que amamos. ¡Gracias al padre este fue mi caso!
|