De sentido común

Juan Rodríguez


Todas las mañanas, saliendo de la estación del tren en New York, me encuentro con varios Testigos de Jehová repartiendo sus revistas. Es sorprendente que aún en los días tormentosos de invierno, en los cuales yo preferiría quedarme durmiendo, estas personas se encuentran apostadas haciendo el trabajo que han escogido. Cada vez que los veo, le envío miles de bendiciones porque reconozco que no todo el mundo está dispuesto a levantarse antes de las 6:30 de la mañana a hacer esta tarea con alegría.

Aunque no comparto sus ideas religiosas porque nací dentro de la religión católica y ya me han dicho que no soy parte del pequeño rebaño de los 144,000 que irán al cielo para gobernar con Cristo, nunca se me ha ocurrido criticarlos, condenarlos, atacarlos, ni mucho menos rechazarlos. Todo lo contrario, admiro el trabajo que hacen y los bendigo, ya que alimentan espiritualmente a muchas almas que necesitan el alimento que ellos tienen en sus manos.

No tengo por qué criticarlos si, primeramente, no los conozco, y en segundo lugar, no estaría dispuesto a dejar mi hogar a esa hora de la mañana, bajo temperaturas congelantes, a sonreírle a la gente y regalarles propaganda. Si mi actitud es religiosa o metafísica no sé, pero reconozco que es de sentido común. El sentido común describe las creencias que parecen, para la mayoría de la gente, como prudentes, sin depender de un conocimiento esotérico.

La falta de sentido común conduce a ciertas personas a condenar, criticar y atacar a las almas que todos los días se levantan y renuncian a las comodidades del hogar para servirle a sus congéneres. Habrá algunos que justifiquen sus acciones con decenas de excusas pero no habrá ni una sola que justifique el atacar a un ministro, sacerdote, rabino, gurú o facilitador de los pobres. Si ellos no existieran, miles de seres humanos se quedarían vagando en un mundo lleno de ignorancia.

Las vidas de las personas que invierten cualquier cantidad de su energía en la nefasta empresa de atacar a los servidores de Buena Voluntad están llenas de mucha pobreza. Ellos son los verdaderos pobres de espíritu, que viven un sendero espiritual falso, llenos de conceptos, ideas y creencias ilusorias. No se conocen a ellos mismos, el primer requisito para aquel que despierta interiormente, y proyectan con facilidad sus grandes defectos en los demás. Creen que haciendo estos señalamientos son más espirituales y se ganan más rápidamente el cielo.

La Metafísica reforzó en mí el respeto por todas las religiones del mundo, ya que cada una cumple, o ha cumplido, su misión dentro de la población que le corresponde. También, me enseñó a respetar a cualquier alma que, aunque minada de defectos, se compromete a servir a los pobres de los más pobres.

Llevo más de una década viajando con todos los metafísicos del mundo y no sé exactamente cuántas mezquitas, sinagogas, templos e iglesias hemos visitado. Nunca he escuchado a uno de ellos criticar a ninguna religión ni a ningún ser que trabaje para ella. Por el contrario, asumimos una actitud de profundo respeto hacia todas las religiones y aquellas almas que se dedican en cuerpo y alma a despertar la conciencia dormida de la humanidad.

Muchas veces no pienso como religioso ni metafísico sino que uso el sentido común para discernir, tomar sabias decisiones y asumir justas posturas. Dios se expresa a través del sentido común, la lógica y la razón, que son aspectos de Su Gran Sabiduría.

Por favor, revisémonos para que, por lo menos, el sentido común prevalezca en nuestras vidas.