El congreso de la Unidad

Juan Rodríguez


Semanas antes de que se celebrara el vigésimo quinto Congreso de Metafísica en Chile, estaba en casa muy deprimido por la enfermedad de mi padre. Una llamada de Rubén me sacó de aquel estado, al decirme que no me quedara solo en casa y me fuera a Chile. Al siguiente día me compré el pasaje y comencé a hacer los arreglos para estar presente en el vigésimo quinto Congreso de Metafísica donde se recibiría al Ángel Micah de la Unidad como Espíritu Envolvente del 2008.

Me presenté al aeropuerto, con una estudiante del grupo de New Jersey, el día de Noche Buena para embarcar a las diez y treinta de la noche. Para sorpresa nuestra, nos cancelaron el vuelo y llegamos a Santiago un día más tarde de lo previsto, cerca de la una de la tarde. Por supuesto, esto es un resumen de lo que vivimos en un periodo de veinticuatro horas. Las llamadas de Rubén, mientras esperábamos ansiosos en el aeropuerto, nos aseguraron a través del decreto nuestro arribo seguro a Chile. A veces aparecen obstáculos inesperadamente, los cuales hay que saltar para poder llegar a estos eventos en los cuales se derrama grandes cantidades de energía.

Chile era el único país sudamericano que no conocía, así que me sentía bien contento de poderlo visitar. Tarareando "Si vas para Chile, te ruego que pases por donde vive mi amada…", la Llave Tonal de su Guardiana Silenciosa, la Señora Araucanía, aterrizamos en esta larga y estrecha franja de tierra entre la Cordillera de los Andes y el océano Pacífico. El clima cálido y la amabilidad de los chilenos nos ayudaron a que nos sintiéramos como en nuestra propia casa.

Dos días antes de que comenzara el congreso, Rubén nos ofreció la clase del Ángel Micah en el elegante Hotel Neruda. Ya habían llegado muchos metafísicos de diferentes partes del mundo, y como era viernes, todos vestían de color oro-rubí. El altar estaba hermoso, se sentía una gran energía y la clase de Rubén, como de costumbre, estuvo magistral. Se sentía en el ambiente la alegría de vernos nuevamente, y tener al Ángel Micah como Espíritu Envolvente. Personalmente, el Maestro Jesús tiene una tremenda importancia en mi vida, ya que en medio de mi turbulenta adolescencia, recurría constantemente a Él para que trajera claridad a mi vida. Me imagino que para muchos metafísicos que se criaron dentro del catolicismo, tenerlo como Espíritu Envolvente también era significativo.

El congreso se llevó a cabo en el Hotel Portillo, un centro vacacional para esquiadores paradisíaco. Tardamos dos horas en llegar desde Santiago, ya que se encuentra a tres mil metros de altura. Es bien difícil describir con palabras la belleza de este lugar. La belleza de Laguna del Inca, en la cual se refleja el cielo azul perfectamente, hace suspirar a cualquiera. Por las mañanas me paraba frente a mi ventana a contemplarla y darle gracias al Maestro Jesús por haberme permitido llegar hasta allí.

La primera actividad fue a las seis de la tarde. El amplio salón estaba adornado en tonalidades azul y el gran altar tenía como eje central una impactante pintura del Ángel Micah con sus grandes alas extendidas. En el lado izquierdo una pequeña pintura representaba Su Patrón Electrónico. La mesa principal tenía los siete cirios para el encendido de los Siete Fuegos y un hermoso grial dorado. A ambos lados de la tarima, dos pantallas gigantes completaban el cuadro de esta impecable decoración. Rubén nos dio una clase muy hermosa, durante la cual nos motivó a seguir trabajando sin desfallecer ni un solo instante. "Vale la pena seguir", dijo con gran firmeza.

Todos esperábamos ansiosos la subida al Cristo de los Andes, un gran foco de luz del Maestro Jesús, que unido a la Estatua de la Libertad en New York, forman una red de energía protectora en América. Para poder dirigirse a las más de doscientas personas que subieron los cuatro mil pies de altura, Rubén subió a la base de este monumento construido en 1904 para explicarnos por qué estábamos allí y su significado. Nos recordó que este es el lugar de descanso del Maestro Saint Germain. El acto devocional comenzó con una sublime invocación que hizo Graciela Constantino, que me erizó los pelos. Fernando Candiotto, con su linda y afinada voz, hizo que lo acompañáramos a entonar Cantemos al amor de los amores. Luego hicimos el Servicio del Santo Grial y para finalizar un gran aplauso al Maestro Jesús. Estar en este lugar, rodeado de inmensas montañas nevadas, nos elevó la conciencia. Llegar hasta aquí era la coronación de grandes esfuerzos y el recorrido de grandes distancias para muchos de nosotros.

La noche del treinta y uno, puntualmente a las diez y treinta de la noche, comenzó la ceremonia para recibir al Espíritu Envolvente. Todos los asistentes, vestidos de azul cielo, esperaban con alegría este momento. Rubén fungió como Maestro de Ceremonias, logrando que todas las participaciones de los estudiantes de diferentes países fluyeran perfectamente. Se encendieron los Siete Fuegos y se hizo un poderosísimo Servicio de Protección. Le siguió el Perdón de Fin de Año, las palabras de Jesús a través del "Abrazo de Unidad, un escrito tan profundo que nos dejó mudos, y la Conciencia Proyectada. La llegada del nuevo año nos tomó haciendo la Contemplación del Ángel Micah. Al finalizar la misma, Rubén pronunció la primera felicitación del año.

Todos los congresos son importantes y tienen sus momentos inolvidables. En éste fue visible el amor que los metafísicos se profesaron, ya que practican lo que predican. Como se nos ha explicado anteriormente, vivimos atados por lazos invisibles que están llenos de puro amor, los cuales son muy difíciles de romper. La unidad y la fraternidad fueron las luminarias de la noche. En cada abrazo y beso que repartimos, después de terminada la ceremonia, reafirmamos que estamos dispuestos a ser instrumentos del Ángel Micah de la Unidad para que la humanidad viva unida y ame sin condiciones.

De nuestro Facilitador Mayor sólo hemos visto como a través de los años ha logrado unirnos a pesar de lo diferente que somos todos. Una tarea que parece fácil a simple vista pero que realmente requiere un gran esfuerzo y oleadas de sabiduría. Ahora nos toca a nosotros la tarea de replicar esta unidad en nuestros grupos y hacerla expansiva a todo ser humano que habita esta Tierra. ¡Gracias Padre!