EL HIJO PRÓDIGO

Juan Rodríguez


"Porque este mi hijo muerto era y ha revivido;
se había perdido y es hallado".
Lucas 15:23

La parábola del hijo pródigo, narrada en el Evangelio de San Lucas 15:11, cuenta que un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le pidió sus bienes y decidió irse a vivir a una provincia apartada donde eventualmente desperdició todo lo que se le había dado. Allí pasó grandes penurias, hasta no tener ni comida de cerdo para mitigar su hambre. "Volviendo en sí, dijo: "!Cuantos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí parezco de hambre!". Así reconoció su error y decidió regresar a su casa. Cuando su padre lo vio, corrió hacia él, lleno de misericordia, lo abrazó y lo besó. El padre le dijo a sus siervos: "Sacad el mejor vestido y vestidle; y poned un anillo en su dedo y calzado en sus pies." El hermano mayor, quien había permanecido trabajando con su padre sin gozar de sus bienes, se enojó mucho al ver la gran fiesta. Su padre le explicó sabiamente: "Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano estaba muerto y ha revivido; se había perdido y ha sido hallado". ¡Qué hermosa lección!

Existen personas que por diversas razones han traicionado o abandonado a su facilitador de Metafísica. Algunas no han tenido el suficiente valor (o la suficiente claridad mental) para enfrentarse cara a cara con la persona que les ha facilitado la Enseñanza, a veces por muchos años, y le han dado la espalda sin decirle una sola palabra. Otros sólo han podido enviar un correo electrónico con supuestas palabras de agradecimiento y cariño, como si ésto sustituyera el método más eficaz de comunicación que ha existido en la historia de nuestra tierra: el diálogo. Todas estas personas representan la conciencia humana (imprecisa, materialista, imperfecta, inarmoniosa, confundida, etc.) del hijo menor de esta gran parábola. Porque el hijo pródigo no era malo, pero se dejó arrastrar por su naturaleza humana y le permitió a su personalidad reinar por encima de su Presencia YO SOY.

Los dos hijos de esta parábola representan la lucha en la que muchas veces vive la conciencia humana (hijo menor) y la conciencia espiritual (hijo mayor). El hijo mayor, quien decidió quedarse con su padre trabajando en el campo, es la conciencia que vive anclada en la Presencia YO SOY, y no es movida tan fácilmente por cualquier tormenta. También representa al facilitado que está muy contento en su grupo, recibiendo sus clases, y no decide abandonarlo por cualquier problemilla que pueda surgir, especialmente entre las personalidades humanas.

El hijo menor se fue a vivir a una provincia apartada, o sea, perdió su conciencia espiritual y sufrió la ausencia de los siete aspectos de Dios. El representa a la persona que se deja engañar y confundir, manifestando en su vida una terrible falta de amor y alegría. En otras palabras está "muerto". Sigue la personalidad de otro ser humano, ignorando que esa es la única fuente de todo su sufrimiento. Es la persona que abandona su Fuente con todos sus "bienes", creyendo poseer entre esos bienes una Enseñanza superior, que más tarde se le hace sal y agua, de la misma manera que el hijo pródigo despilfarra sus bienes en un santiamén.

La belleza de esta parábola está en el regreso del hijo pródigo a su casa, que no necesariamente tiene que ser a un lugar específico o una persona específica, sino que simboliza la recuperación de la conciencia espiritual. Ya estando en esta conciencia se observan claramente las cosas, se conoce porqué se cometen los errores y se pide perdón. Ésto lo puede hacer cualquier alma que, en cualquier momento, se hace consciente de que ha cometido un error. No importa el tiempo que haya pasado porque en el Espíritu el tiempo humano no existe. No es necesario decir que todo el que regrese será recibido con besos, abrazos y, por supuesto, una gran fiesta.