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EQUUS
Juan Rodríguez
Realmente no sé cómo describir la experiencia que tuve anoche viendo la obra teatral EQUUS, en Broadway. Sí puedo decirle que la misma, magistralmente actuada por el gran Richard Griffiths y el increíblemente talentoso Daniel Radcliffe (que se hizo famoso como Harry Potter), es la única razón por la cual uno va al teatro. Desde que la obra comienza, uno presiente que será testigo de una experiencia trascendental...y no se equivoca. "Equus" está basada en un suceso de la vida real-del cual no adelantaré nada- que lleva al siquiatra Martin Dysart (Griffiths) a tratar al que se convertirá en uno de sus p acientes más retantes y favoritos, Alan Strang (Radcliffe). Estas sesiones siquiátricas están llenas de interesantísimos diálogos que les permiten a estos sendos actores demostrar su incuestionable calibre. Si bien es cierto que ambas actuaciones son sencillamente magistrales, es el joven Radcliffe que nos transporta vertiginosamente a su mundo de locura, haciendo que se nos ericen todos los pelos del cuerpo. Sufrimos con él, nos identificamos con su dolor, y al final nos damos cuenta de la complejidad de la siquis humana. Su actuación no es sólo creíble sino también electrificante. !Bravísimo!
Al final de la obra, en medio de la gran ovación, Griffiths le pidió a la audiencia silencio. Como era Nochebuena, nos regaló un cuento de Navidad, que fue narrado con la única voz que un actor de su talla posee. A este regalo inesperado y tan hermoso, le siguió otra gran ovación. ¿Qué más se podía pedir? La noche se cerraba con broche de oro.
Por favor, no se pierda esta obra de diálogos tan profundos y actuaciones tan magistrales. Le advierto que pasará mucho tiempo para que Broadway vuelva a engalanarse con una obra de teatro de la grandeza y magnitud de ésta.
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