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Las casas de Neruda
Juan Rodríguez
La primera vez que escuché que existía una casa de Pablo Neruda en Isla Negra fue en un reportaje que le hicieron a la cantante puertorriqueña Ednita Nazario. En el mismo, ella hablaba de este lugar donde se sentía un gran caudal de espiritualidad. Al terminar de leerlo, decidí que algún día la visitaría. Años más tarde, leí un escrito de Rubén Cedeño sobre su visita a esta casa y me transporté al lugar a través de la belleza y sensibilidad plasmada en su escrito. De hecho, pienso que es uno de los escritos más hermosos que Rubén ha escrito sobre estos temas. Durante todo este tiempo que estuve esperando venir aquí, me leí la autobiografía de Pablo Neruda titulada Confieso que he vivido y su conocido poemario Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Lentamente, los poemas de este gran poeta chileno se me fueron metiendo en la sangre.
Llegamos al pueblo de Isla Negra tempranito en la mañana. Me sentía emocionado porque pronto iba cumplir otro de mis sueños. El guía nos recibió amablemente y comenzamos el recorrido por la casa preferida de Neruda, ya que estaba cerca del mar. Las vistas del océano Pacífico desde los diferentes puntos estratégicos de esta casa son espectaculares. Como el día estaba bien nublado, se sentía un aire de nostalgia que invitaba a la reflexión. Uno se podía imaginar al poeta absorbiendo de la naturaleza las herramientas que lo inspiraban a escribir. El propio Neruda decía que usaba las manos solamente para dos cosas: escribir y amar. ¡Qué divino!
Sería imposible describir todos los objetos que adornan ésta y las otras dos casas, ya que no sólo eran espacios para vivir sino museos que guardaban los tesoros que Neruda fue recogiendo mientras viajaba por el mundo. Fue un viajero incansable y sólo le faltó pisar el continente africano. Neruda aclaró que no era coleccionista sino "cosista" porque simplemente recogía cosas. Miles de caracoles, botellas, pinturas, mascones de proa, modernos muebles y tantas otras cosas más hacen que el valor de estas propiedades no tenga límites. Se necesitarían muchas horas para detenerse en cada uno de estos objetos que todavía simbolizan la vida interna y externa del poeta. ¡Cuánta belleza encierran estas habitaciones donde Neruda y su tercera esposa Matilde se profesaron amor! Es inevitable comparar este amor, que nació clandestinamente, con el de Diego Rivera y Frida Kahlo. En La Chascona, la casa de Santiago, hay una pintura que Diego Rivera le regaló a Neruda, la cual representa a Matilde con dos caras. Una cara de alegría al saberse amada por el poeta y otra que no mira al observador porque se avergüenza del origen secreto de su amor.

Todos los guías que tuvimos en las tres casas enfatizaron que Neruda era agnóstico, pero tengo mis serias dudas al respecto. Neruda era amante del sol, una de las fuentes de su eterna inspiración. Por esta razón, en todas sus casas existen grandes ventanales para que penetre la luz solar y haya claridad para pensar, leer y escribir. En su dormitorio en la casa de Isla Negra su cama estaba posicionada de manera que el sol le diera en la cabeza por la mañana y acariciara sus pies al atardecer. En este cuarto, donde también estaba uno de sus sagrados escritorios, fue que escribió Confieso que he vivido, su último libro.
Después de recorrer la inmensa casa de ladrillo, madera y techo de zinc, me fui a donde descansan sus restos junto a los de su amada Matilde. Están en un lugar hecho en forma de una proa de barco y mirando hacia su océano preferido. No pude contener las lágrimas. Es un espacio abierto en el cual existe algo que no se puede describir con palabras pero se siente profundamente en el alma. Es una energía que hace que todo se silencie para que uno se conecte con su propia fuente de creatividad. Deseaba permanecer mudo en aquel espacio abierto sin que nadie me perturbara. Agradecí, como he aprendido, el Cristo de Neruda por haber sido un excelente maestro de la palabra escrita. Su poesía engrandece el alma y nos remonta a lugares que de otra manera permanecerían imperceptibles al ser humano común y corriente.
Como navegar en el mar a Neruda le causaba malestar, tenía un barco de tamaño natural en los terrenos de esta casa. En este barco anclado en tierra pasaba horas imaginando que estaba navegado. ¡Qué genial! Todas sus casas están adornadas con motivos marítimos, ya sean hechos a la medida o rescatados de verdaderos barcos. Las ventanas circulares, los techos semicirculares, las escaleras en forma de caracol, las puertas angostas eran algunas de los elementos que se utilizaban para que Neruda se sintiera en el mar.
Después de pasear por el puerto de Valparaíso, nos fuimos a La Sebastiana, la casa que Neruda compartió con un matrimonio amigo. La parte de Neruda, en los pisos superiores, tenía entrada independiente. Aunque con variados diseños y localizadas en tres ciudades diferentes, el contenido ecléctico de sus tres casas es muy parecido. Aquí se distingue fácilmente la parte de la casa que habitaba Neruda. La decoración es espectacular. Los brillantes colores demuestran que el poeta era una persona alegre y llena de humor. La persona que custodiaba el último piso, con una vista majestuosa del puerto, nos dijo que en el pequeño clóset del dormitorio de Neruda y Matilde había piezas de vestir de ella. Observé un fino camisón de dormir en lino blanco y al buscarle la etiqueta, esta decía: "Couture-Paris". Matilde, artista de profesión, era una mujer muy fina y elegante. En todas las fotos y pinturas que observé de ella, lucía impecable.
Llegando a Santiago, cerca de las cinco y treinta de la tarde, se me ocurrió que fuéramos a La Chascona, la casa de Neruda en Buena Vista. Como cerraban a las seis, pensé que por lo menos me daría tiempo de fotografiarla por fuera. En la recepción me dijeron que la última visita guiada estaba totalmente vendida. Pedí hablar con la encargada del lugar, quien amablemente me confirmó la información y no se inmutó al explicarle que era mi única oportunidad de verla. Ella siguió contando un dinero que tenía en sus manos y me dijo despreocupadamente: "lo único que tengo son dos espacios para la visita guiada de las seis y cuarto pero es en inglés". Con una sonrisa a flor de piel, le dije: "por favor, véndame las dos entradas". Estaba en ley que en un solo día mi compañera de viaje y yo visitáramos las tres casas de Neruda en Chile.
En La Chascona estaba la biblioteca de Neruda, y un bar en un edificio contiguo donde el poeta solía entretener a sus grandes amigos. Aquí hay una foto de Neruda con el gran mimo francés Marcel Marceau, que documenta esta importante visita. Sus amigos eran artistas, políticos, gente de vanguardia y mente abierta. Aunque de personalidad tímida, a Neruda le encantaba hacer bromas a sus invitados, como por ejemplo vestirse de capitán o marinero.
En la biblioteca se exhibe el Premio Nóbel de Literatura que le otorgaron en el año 1971, y tantos otros que recibió durante su fructífera y larga carrera. Entre los tesoros de esta casa se encuentra una pintura original del pintor italiano Caravaggio. En su salón de lectura había un gran retrato en óleo de una mujer muy fea, quien no ha podido ser identificada, que lo ayudaba a no quedarse dormido durante sus largas jornadas de lectura.
Después del golpe militar en Chile, Neruda comenzó a sentirse muy mal de salud. Matilde lo llevó de emergencia desde Isla Negra a un hospital en Santiago. Días más tarde, Neruda murió de un ataque al corazón. Dicen que ver a Chile es ese estado de caos, le robó lo que le quedaba de vida. Matilde quedó totalmente devastada con la noticia y salió aturdida del hospital a caminar sin rumbo. Llegó hasta La Chascona, la cual, para su sorpresa, había sido vandalizada. Los militares habían quemado los más de seiscientos libros que Neruda guardaba en su biblioteca. La ira que le provocó esto a Matilde, hizo prometerse que la reconstruiría. Gracias a su espíritu indomable y férrea determinación ahora podemos perdernos en los recuerdos y la historia de Neruda que permanecen en esta hermosa casa.
Escuchar esta historia hizo que mi corazón se revolcara de dolor. Entonces comprendí por qué me había enamorado de la obra y vida de Neruda, un hombre que vivió intensamente y no le puso límites a su aprendizaje. Su creatividad, genialidad y autenticidad hicieron que dejara grandes huellas en esta tierra, y fuera considerado uno de los grandes poetas del siglo pasado.
He deseado vivir intensa y apasionadamente, aunque no sé si lo he logrado. No tengo claro si en este afán de vivir tanto, queriéndome exponer a todas las experiencias de vida posibles, he perdido oportunidades y cometido muchos errores. El día que ya no esté en este mundo o me de cuenta que estoy cerca del fin de mi vida terrenal, me gustaría tener la certeza de que viví a plenitud. Sería lo más importante para mí. Además de la hermosura de las palabras escritas por Neruda, no cabe dudas de que la intensidad de su vida ha sido lo que me ha atrapado el corazón.
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