Tú eres tu propio maestro

Juan Rodríguez


Mientras estuve aprendiendo la técnica de meditación del Vipássana, me grabaron en la mente uno de los preceptos más importantes de la enseñanza del Buddha: Tú eres tu propio maestro. Fue como si me lo hubiesen inyectado por las venas y comenzara a recorrer todo mi cuerpo. Según fueron pasando los días, más comprendía lo que esto significa. Cuando cerraba los ojos para hacer las meditaciones, veía en mi entrecejo una pequeña estatua dorada de un Buddha, sintiendo que era yo mismo.

No es que no hubiese escuchado la enseñanzas del Buddha anteriormente sino que aquí la enfatizaron tanto, que logré concienciarla muchísimo más. A los metafísicos nos han recalcado siempre que seamos lámparas para nosotros mismos, que es el mismo planteamiento del Buddha. También se nos ha explicado que la lectura de libros, los viajes, los servicios, las fotos de los Maestros y las conferencias son simplemente herramientas para ayudarnos. De nada sirve lo que aprendemos semanalmente si no se pone en práctica y hacemos un trabajo de observación interior constante y profundo. Para no perdernos en el proceso, debemos recordar que todas estas herramientas que se nos proveen son un medio pero no un fin en sí mismas. El objetivo último es arrancar de raíz toda causa de sufrimiento en nuestro interior, hasta que experimentemos la felicidad permanente.

Entonces, ¿por qué de dependemos para hacer esta importante tarea? Nos han socializado para ser dependientes, para caminar con muletas. La naturaleza del ser humano, tan cambiante e inestable, hace que sintamos miedo al pensar que tenemos que hacer algún trabajo solos. Los más confundidos piensan que tienen que recorren el camino tomados de la mano de un Maestro Ascendido y esperan instrucciones que le explicarán paso por paso lo que deben de hacer. Este sistema nunca ha existido, ya que desde la iluminación del Buddha, ha sido la energía del propio ser humano que se ha utilizado para su liberación de la rueda de reencarnaciones. Si alguien tiene dudas sobre cómo es este proceso, debe volver a estudiar la vida del Buddha.

Algunos de nosotros hemos estado aprendiendo la técnica del Vipássana para que concienciemos esta única verdad liberadora, y eliminemos cualquier sentimiento de duda o miedo que nos pueda producir el pensar que somos los únicos constructores de nuestra vida. El encuentro que uno tiene con uno mismo es para que nos demos cuenta de la tarea que tenemos por delante de tomar las riendas de nuestra vida. Hay que concienciar que nadie lo puede hacer por nosotros.

Si somos nuestros propios maestros, no necesitamos estar detrás de nadie mendigando enseñanzas. ¡Qué atrasada está una persona que piensa que para lograr la iluminación hay que recibir la enseñanza en un idioma en particular! ¡Cuánta compasión debemos tener con aquél que piensa que sólo las personas que pertenecen a una religión o filosofía en particular son los únicos que lograrán la ascensión! En los planos superiores no existen idiomas como los conocemos y usamos en la tierra. Además, si uno es su propio maestro, el idioma que escogimos antes de encarnar es el que siempre utilizaremos en la vida diaria.

Por encima de cualquier escrito de los Maestros Ascendidos, Quienes nunca se equivocan al hablar pero como ya se nos ha explicado también están evolucionando y cambiando sus puntos de vista, se nos ha dado la enseñanza del Señor del Mundo. Por lo tanto, el precepto "Tú eres tu propio maestro" reemplaza a cualquier otro. En otras palabras, este es el pensamiento más alto que cualquier ser humano pueda alojar en su mente superior y la conducta más pura que pueda exhibirse. Hay que clarificar que esto no quiere decir que ahora vamos a botar los libros o las fotos de los Maestros, o que dejaremos de asistir a las actividades metafísicas. ¡No! Si tenemos y participamos de todo esto es porque definitivamente lo necesitamos en este momento de nuestra evolución. ¡Nada pasa al azar!

Para concluir, debo decir que un buen maestro, guía, o facilitador (o como se le quiere denominar a la persona que se ocupa de facilitar la enseñanza) se reconoce porque le recuerda constantemente a los que le escuchan que ellos son sus propios maestros. Por el contrario, todo aquel que utiliza la amenaza para hacerlos dependientes, no sigue la línea discipular del Señor del Mundo. Si el Buddha nos liberó con sus sabias palabras hace más de 2,500 años, ¿por qué hacerle caso a los que todavía siguen presos? Después de haber caminado un trecho, me quedo en el lugar que estoy, donde me siguen motivando a ser libre y sigo escuchando: ¡Sean lámparas para ustedes mismos!