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Mi Mundo Metafísico
Juan Rodríguez
Hace par de semanas que, por elección propia y voluntaria, viví en un mundo totalmente diferente a mi mundo metafísico. En éste reinaba la energía negativa, la cual constantemente generaba agresividad, celos, luchas de poder, rencor y no sé cuántas otras cosas más. Escasamente un mes atrás, este mismo mundo que ahora describo era mucho más armonioso y amoroso, pero como la naturaleza del ser humano es tan cambiante e impredecible, todo aquí cambió en un abrir y cerrar de ojos. Obviamente, para mal. Pero esta inesperada experiencia me ha hecho tener más conciencia de lo que dicen los libros sagrados sobre el mundo humano: es pura ilusión.
En este mundo ilusorio todo es efímero y perecedero. Nada permanece estático. No se conoce el equilibrio. Las personas que lo habitan actúan inconscientemente, sin importarle las consecuencias de sus acciones. Los pensamientos y las emociones se utilizan para hacer daño, aunque a veces sea ignorantemente. El lema de estos habitantes es primero yo, segundo yo y tercero yo. Utilizan la manipulación para que la atención siempre esté sobre sus problemas.
Este no es un mundo de introspección, ya que siempre se buscan las causas de todo afuera. La observación es siempre hacia el exterior. Por eso todo el tiempo se habla negativamente de los demás. La admisión del error es poca porque los errores siempre lo cometen los otros. Como tampoco se vive amparado en la Ley del Perdón, las energías negativas aumentan progresivamente, dando paso a conductas muy disfuncionales. Sumergido en este marasmo fue que tomé conciencia de lo que le sucede al que no perdona y, por consecuencia, acumula el peso de años de odio. Cuando no se perdona, se vive en el pasado y, por consecuencia, en un constante sufrimiento. La ausencia de perdón hace que la atmósfera de este mundo se haga sumamente pesada y se sientan las vibraciones del atraso. Los habitantes de este mundo tienen frecuentes pesadillas porque su misma energía impura no les permite dormir en paz.
Pensando en cómo salir de allí, llamé a un gran amigo que conoce mi mundo metafísico, quien rápidamente me explicó lo que sucedía. Cuando terminé de hablar con él, me di cuenta de que en el mundo de la ilusión hasta el más despierto puede quedarse dormido. Mi amigo me dio par de bofetadas- que me hacían falta- y me dijo con firmeza que me saliera de ese mundo al que ya no pertenecía. También me explicó que sus habitantes ya no estaban interesados en lo que les podía ofrecer. Mi amigo, como de costumbre, tenía toda la razón. Ya no pertenezco a ese mundo y el estar en él no me hace bien. Allí hablo y no me hacen caso. Al final, me robaron la energía y me sentí desganado y deprimido.
No se me puede olvidar decirles que en aquel mundo todavía se piensa que el dinero es lo único que produce la verdadera felicidad. Todo es medido a base de dinero. Mientras menos dinero se tiene, más infeliz se vive. Se coleccionan cosas porque son la manifestación de la obsesión por lo material. Este también es el mundo de la constante queja, lo que no permite que lo positive circule. Allí no hay metas para el crecimiento cultural ni mucho menos espiritual.
En mi mundo metafísico impera la Ley del Perdón, la cual se practica voluntaria y constantemente porque se conocen sus efectos liberadores. En este mundo reina el amor, la armonía, la paz, la belleza y la tranquilidad. Se vive en equilibrio divino. Los que habitan en él dejan de pensar en ellos para servir al resto de la humanidad. El eje de sus vidas ya no es pensar en ellos mismos sino en la erradicación del sufrimiento de los demás. Aquí todo abunda porque se vive bendiciendo y dando gracias por lo que se tiene. Este es el mundo de la verdad y la realidad.
Sería deshonesto si les digo que vivo en total armonía y que todos los pensamientos y sentimientos que genero son puros y perfectos. Todavía me falta mucho para llegar a ese estado. Pero lo que siempre he sostenido es que desde que descubrí mi mundo metafísico, todos mis "problemas" han ido despareciendo y toda mi energía negativa ha ido cediendo al amor y perdón que practico.
Bajo ninguna circunstancia se debe rechazar o criticar al que vive en el mundo de la ilusión. Cada cual escoge habitar en un lugar particular que obviamente responde a sus propias energías. En otras palabras, todos están donde desean estar, aunque no se den cuenta. Muchas veces tratarlos de sacar de su mundo es un craso error, ya que nadie se siente cómodo al ser sacado de su hábitat. Ver a los seres humanos perderse en este mundo ilusorio puede causar dolor pero nadie puede rescatar al que no lo desea.
Como aprendí una tremenda lección, no voy a cometer el error de molestarme por la decisión que hice. Tampoco voy a jugar el papel de víctima, ya que éste es un rol de los que viven en aquel mundo. Lo más que retumba en mi mente es lo que observé y viví en carne propia estando atrapado en el mundo de la ilusión. Es ilusorio para el que despierta y se da cuenta, pero totalmente real para el que vive dormido. Cuando desperté, por la llamada de mi amigo, sentí el golpe y me desconcerté, pero le di gracias a Dios por no haberme quedado dormido para siempre. Esto hubiese sido la propia muerte, aunque me observara respirando y vivo.
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