|
Una nota sobre los que viven pretendiendo…
Juan Rodríguez
En la cándida película “The Visitor” (El Visitante) el personaje de Walter es un profesor universitario que está escribiendo su cuarto libro.
Como se siente extremadamente deprimido por la reciente muerte de su esposa, trata a todo el mundo con mucha amargura. Pero toda su vida cambia cuando conoce a
Tarek y Zanaib, una pareja de novios que viven ilegales en New York. Ellos inyectan la vida de Walter con alegría, esperanza y honestidad. El estar en contacto
con ellos y con la madre de Tarek, quien trae toneladas de amor a su vida, hace que Walter finalmente admita lo siguiente: “Pretendo que trabajo. Pretendo que
escribo. Pretendo que estoy ocupado”. Por primera vez se desenmascara y admite que se ha pasado pretendiendo toda su vida. Cuando Walter, con una gran dificultad,
articuló estas palabras, pensé en la mayoría de la humanidad que vive pretendiendo, ya que no se atreve a enfrentarse a su realidad. A través del desarrollo de
su personaje, Walter, quien habla muy poco, nos transmite lo triste y doloroso que es vivir pretendiendo.
Pretender es desear ser alguien que, sencillamente, no se es. También es vivir automatizado, robotizado y esclavizado de los convencionalismos
de todo tipo, que nos han sido inyectados en una mente que lo acepta todo. Si uno no tiene la voluntad de cuestionar, la mente acepta y materializa toda la
información que le inserta automáticamente. Lo irónico de todo esto es que nosotros somos más felices cuando no pretendemos y, por consecuencia, aceptamos
nuestra realidad.
Aunque Walter es sólo es un personaje de una película que no estaba basada en la vida real, definitivamente refleja la manera en que viven
millones de seres humanos. Muchas veces sin darnos cuenta traemos tristeza y dolor a nuestras vidas. Nos quejamos pero no observamos de dónde proviene lo negativo.
Aceptar los convencionalismos o todo aquello que nos dicen, sin cuestionarlo, produce mucha infelicidad.
¡Debemos vivir plenamente nuestra realidad! ¡Aceptar nuestra naturaleza, la que sea! Así, cuando nos toque partir de esta tierra, lo haremos
libremente, sin ataduras, y totalmente felices, sin remordimientos.
|