Una nota sobre el amor

Juan Rodríguez


Cuando se busca una pareja amorosa desesperada, compulsiva y obsesivamente, lo más probable es que busquemos llenar una gran carencia de afecto que ha estado en nuestro interior por mucho tiempo. En otras palabras, no nos damos cuenta que no estamos detrás de una persona en particular sino buscando la sanación de una herida del pasado. Nuestra conducta se convierte en la misma que exhibe un adicto que busca su droga para “curarse”. El adicto no sabe, no se ha dado cuenta, que la droga no le sanará sus traumas de vida, de la misma manera que el que enamora enfermizamente no sabe que en su relación no encontrará la felicidad que busca permanentemente, o como se suele decir “para toda la vida”. Mientras mayor es la necesidad de afecto que tenemos, mayor es lo que estamos dispuestos a soportar. Por esta razón existen tantas personas que aceptan el maltrato de su pareja, ya que no desean perder el afecto que los ha hecho tan feliz, aunque sea ilusoria y temporalmente. Esta es una verdad que aprenderemos a través de muchas desilusiones y de fracasos amorosos. Nunca la aceptaremos porque una persona no las diga. No hemos sido socializados para aceptarla.

Cuando nuestras necesidades afectivas están bien cubiertas, no necesariamente a un cierto por ciento, nuestras relaciones de pareja son, sin lugar a dudas, más calmadas, armoniosas y duraderas. Enamorarse es una experiencia hermosa, pero se disfruta más cuando se le añade una pizca de inteligencia. Esto hará que sea una relación más balanceada. Las relaciones no deben ser solamente emocionales, o del corazón, sino que deben poseer un elemento mental. Mente y corazón. ¡Esta es la clave!

¡Qué viva el AMOR!