|
CHENNAI
Rubén Cedeño
Chennai, India, 16/1/09
SOMBRAS
Algunos miembros del grupo propusieron visitar una organización espiritual en Chennai que hacía años había contactado a algunos de los Maestros Ascendidos de la Jerarquía Espiritual y en cuya sede conservaban algunas maravillas de esta relación con Ellos, además de haber dado una enseñanza grandiosa.
Como todo eso lo conocía y era fabuloso, me presté para hacerles de guía. Previamente le habíamos informado a esta organización quiénes éramos, para que estuvieran al tanto que conocíamos, respetábamos y admirábamos sus enseñanzas.
La visita fue un completo y total fracaso, una burla abierta. La persona que encargaron atendernos se dedicó a hablarnos de tres marranitos que allí vivían, de los monos que le tiraban cocos a la gente que pasaba, de una puerta que tenían pintada de verde y le cambiaron el color de blanco, de unas plantas que dan flores muy bonitas, de unas lámparas chinas, de la estatua de una persona que la tuvieron que hacer con las piernas más cortas, y un banco donde se sentaban los enamorados. Esta persona llegó al colmo de prohibirnos el ingreso a lugares que durante ciertas horas del día son un parque público de libre acceso.
La verdad es que no esperaba nada de ellos ni de su enseñanza, ya conocía de la bancarrota espiritual en que andaban, pero me di cuenta, una vez más, porqué los Maestros se habían ido de allí y a sus reuniones semanales casi nadie asistía, asunto, incluso, dicho por ellos mismos.
El grupo se decepcionó de esta organización completamente, y salieron echando pestes del lugar. No pude decir nada, tenían razón, no era para menos; ya sabía eso de esa organización, pero no pensé nunca que fueran tan groseros para burlarse así de la gente de una manera tan descarada; lo que nos hicieron, no se le hace nadie, ni al peor de los seres humanos.
A esa señora nunca le protesté ni le dije nada, en todo momento fungí de mediador entre ella y el grupo para que no la increparan, sobre todo por sus actitudes tan faltas de amor. Su forma de actuar era separatista, tan carente de Amor Compasivo, que apetecía decirle algo, pero ella estaba en su organización, tenía derecho a ser como le diera la gana.
Me acordé de Mamá Norita que decía: "Tienen que existir malos para que tú puedas tener la oportunidad de demostrar que eres bueno". La manera de ser de esa gente es completamente diferente a la Enseñanza de la Nueva Era, que se descarga en occidente sin ocultismo ni esoterismo, gracias Padre, porque eso es horroroso. Allá somos distintos, no perdemos oportunidad de enseñar a todo el mundo; la totalidad de lo que sabemos y tenemos se lo damos a los demás con nuestros rostros rebosantes de alegría por hacerlo, y si acaso retamos, esto se debe a que nos preocupamos porque todo el mundo aprenda más y de la mejor manera, y nadie se va de nuestras charlas sin saber algo nuevo y productivo para su vida.
Después de reflexionar hondamente en lo sucedido, me he dado cuenta que estábamos dispuestos a hacerle una gran promoción y propaganda a nivel de artículos y películas a esta organización, como lo hemos hecho con santos, Maestros Ascendidos y lugares que visitamos. Tal vez fueron los mismos Maestros quienes hicieron que nos fuera mal en este lugar, para que no habláramos bien de una organización que no se lo merece.
LUZ
Para levantarles un poco el ánimo a los muchachos, decidí llevarlos a un lugar que siempre me ha fascinado que es la Playa del Mar de la Bahía de Bengala, donde fue descubierto Krishnamurti, y la vibración cambió del todo, era como salir de la sombra a la Luz; se sentía un aire de libertad, nada que ver con la gente con la que habíamos estado anteriormente. Los chicos saltaban y se revolcaban entre las divertidas y frescas olas del mar, que brincaba de contento. Aproveché, sentado en la arena, de darles una explicación de lo que había sucedido. Saliendo de allí, traté de acordarme del lugar donde había conocido a Krishnamurti hacia treinta años; lo conseguimos y allí fuimos.
Qué diferencia tan notoria, como de la noche al día. Aquí nos recibieron con un inmenso amor, nos enseñaron todo lo que quisimos ver, hasta la habitación de Krishnamurti, que no se la enseñan a nadie. Recordé el lugar donde Krishnamurti me había estrechado la mano por tantos minutos, y que ahora es un bellísimo y delicado jardín con una hermosa piedra decorativa que marca el lugar donde él se sentaba a dar sus charlas delante de casi tres mil personas. Me pude sentar en la misma banca donde él se sentó ese día que lo conocí, y me tomé una foto en ella. Por si fuera poco, en el jardín, el médico personal de Krishnamurti me llamó, y luego se puso a hablar con la totalidad de los que estábamos allí. El grupo se sintió muy feliz y me hacía sentir más dichoso a mí. Todos amábamos a Krishnamurti, y estar en este lugar nos llenó de mucho gozo.
|